Paso del Inca

Paso del Inca

  • Escuché acerca del Paso del Inca hace poco más de 4 años, Antonio Morales fue quien algún momento me invitó a éste lugar que sin duda hoy en día es de mis lugares favoritos por toda la magia que alberga éste sitio, la historia y el misterio.

  • En ésta ocasión fuimos únicamente 4 personas, la última vez que visité el lugar pasé una noche ahí, hubo mucho viento helado pero pudimos ver una luna creciente muy simpática y unas pocas estrellas brillantes en el infinito.
Debes acampar junto a un bosque de Polylepis, en donde extrañamente un perro que nos acompañó aquella noche, ladró por horas, “quizás es algún animal”, - pensaba mientras trataba de dormir; sin embargo, hace unos años que Antonio Morales hizo camping en el mismo sitio, me relató que a las 2 de la madrugada había escuchado con su amigo un grito muy fuerte de <<humano mezclado con bestia>>.

El Paso del Inca es poco conocido, es una grieta natural de roca y musgo que forma parte de una de las vertientes del Rumiñahui, por donde puedes caminar y lograr observar parte de la caldera y Tiliche. Está ubicada en la cara Noroccidental del Rumiñahui. La historia nos cuenta que Rumiñahui caminó con un gran bulto en su espalda he ingresó a ésta grieta para bajar al bosque de Tiliche, un descenso de más de 50 metros, muy desafiante y que seguramente pronto lo haremos.

Luego de caminar por 3 horas llegamos, era un día bastante nublado y solo por segundos podíamos ver el hermoso “Pico Beltrán” (nombre que ha sido dado por mi amigo Pablo Tréboles) que está relativamente cerca, al norte de nuestro destino. El ambiente era frío, la roca estaba muy helada y pocos rayos de sol querían darnos calor. Ingresamos a la grieta y luego de envolvernos de la magia, salimos. Era momento de alimentarnos y de hidratarnos, yo, como siempre llevo mi hidratante de Energy, debo decir que su sabor ¡me gusta mucho! Y luego un Recovery, me da la energía necesaria y proteína que mi cuerpo necesita para continuar disfrutando del día y de la aventura.

Regresamos, enamorados del bosque de Polylepis, con esa felicidad que únicamente la montaña sabe darte, volteábamos a observar, pero todo continuaba nublado, un paisaje tan misterioso, salvaje y tierno.

Debemos disfrutar del monte hasta en sus escenarios no tan acogedores, y lo son. ¡Nos vemos en la siguiente aventura!

LUCAS SCOTT